El nuevo reglamento de F1 obliga a los equipos a adoptar un enfoque radicalmente diferente en la clasificación. Con más potencia eléctrica pero la misma capacidad de batería, la gestión del despliegue de energía se convierte en un rompecabezas estratégico. Los fenómenos de derating y super-clipping introducen pérdidas de tiempo ocultas que pueden decidir la pole position.